María del Mar: de la puerta cerrada a amasar un nuevo comienzo

Con 55 años, esta gaditana encontró en ERACIS+ algo que no esperaba encontrar en un programa de empleo: compañía. Hoy encadena sus primeras prácticas laborales con una segunda oportunidad en una panadería, y no deja de recomendar el programa a quien se cruza en su camino.

 

EL ENCUENTRO

Hay historias que empiezan por casualidad. La de María del Mar García Moreno comenzó en una plazoleta de Cádiz, cuando un informador del proyecto ERACIS+ se acercó a preguntarle si necesitaba ayuda. Ella llevaba tiempo buscando trabajo sin éxito, sintiéndose sola en ese proceso. Nadie la orientaba. Las puertas se cerraban. Y la rutina —casa, compra, comida— se había convertido en una trampa silenciosa.

«Estaba tan perdida… Estaba muy depre. Todas las puertas eran un no y no tenía nadie que me guiara.»

Ese día, casi sin pensarlo, aceptó escuchar. Y desde entonces, dice, hay un antes y un después.

 

MÁS QUE FORMACIÓN PARA EL EMPLEO

Lo que encontró en ERACIS+ no fue solo un taller de currículum o una orientación laboral al uso. María del Mar participó en casi todas las actividades que se le ofrecieron: talleres culturales, psicología grupal e individual, musicoterapia, visitas a entidades del tercer sector, e incluso una introducción a la inteligencia artificial que, según ella misma reconoce, la dejó asombrada.

«El mundo de la IA no lo conocía. Y ahora soy, como dicen ellos, una máquina. Me quiero seguir escarbando.»

Esta amplitud es precisamente uno de los rasgos que distinguen el programa: la atención a la persona en su conjunto, no solo como candidata al mercado laboral. El acompañamiento psicológico, la construcción de redes de confianza entre participantes, y la orientación continua por parte del equipo técnico configuran un itinerario que trabaja tanto las competencias profesionales como la dimensión humana. María del Mar lo resume de forma directa: el programa le dio sentido a sus mañanas.

 

EL MIEDO A LOS 55

Cuando llegó la oportunidad de hacer prácticas en una tienda de juguetes —la única en Cádiz de su tipo, en plena campaña de Reyes— el miedo apareció de nuevo. Esta vez tenía nombre: la edad. Cincuenta y cinco años en un sector de cara al público, rodeada de compañeras que podrían ser sus hijas.

«Yo era la que me ponía también mucho la edad. Dije: ahora meterme en una tienda, ¿qué hago yo allí?»

Lo que encontró fue distinto a lo que temía. Desde el primer día fue tratada como una más. No esperó a que le dijeran qué hacer: aprendió el ritmo del lugar, se anticipó a las tareas, conectó con el equipo. Al final del período de prácticas, la empresa decidió ampliar su contrato quince días más. Las compañeras que llevaban doce años allí aseguraron que no había precedente.

Con los clientes —y sobre todo con los niños— encontró algo que no esperaba: disfrute. La tienda se convirtió en algo parecido a un parque temático cada tarde. Difícil llamarle trabajo a eso, dice ella.

 

LO QUE VIENE

Al día siguiente de esta entrevista, María del Mar comenzaba nuevas prácticas en una panadería. Tres meses por delante en un sector que también le gusta, también de cara al público. Pausa en los talleres, sí, pero con la intención declarada de volver en cuanto pueda.

«Esto me da vida. Son ratos míos. Para mí. Aprendo, me dan calidad de vida. No quiero volver a lo que estaba antes.»

Su objetivo no es solo encontrar empleo. Es no dejar de moverse. Y en ese camino, ha aprendido también a recomendar. A cualquier persona que encuentra en situación parecida a la suya, le da la misma indicación: que vaya, que pruebe, que no dé por hecho que será más de lo mismo.

 

UNA SEMILLA SEMBRADA

Cuando el equipo de ERACIS+ Cádiz eligió a María del Mar como uno de los rostros del éxito de esta primera anualidad, ella sintió algo que tardó en nombrar: orgullo. No el orgullo de quien ha llegado a una meta, sino el de quien ha dado todo lo que tenía en el camino.

Su historia no es la de alguien a quien el programa transformó desde fuera. Es la de alguien que, cuando se le abrió una puerta, decidió entrar y no mirar atrás. El programa puso los recursos, el equipo técnico el acompañamiento, y las entidades colaboradoras la oportunidad concreta. Ella puso el resto.

«Me hayáis elegido a mí… qué vergüenza. Pero, por otro lado, me siento muy orgullosa de mí misma.»

Eso, en el fondo, es lo que ERACIS+ intenta hacer visible: que el éxito en la inclusión sociolaboral no es un accidente ni una excepción. Es el resultado de un trabajo conjunto, sostenido en el tiempo, que empieza por tratar a cada persona como lo que es: alguien con capacidad de dar el siguiente paso, si tiene con quién darlo.